Es fuerte cuando te das cuenta que lo que creías que era, de un momento a otro no lo es más y no precisamente porque haya dejado de serlo, sino porque nunca lo fue.

Hoy en la oscuridad de un Santiago frio que respiro desde un octavo piso puedo reconocer que tantas veces me equivoque contigo, asumí lo que no era. Lo más triste: era la mejor parte. Lo siento. Es extraño, pero pocas veces en tu falda he soltado una pena, sin embargo sigues estando ahí desde aquella primera vez: Extraño.

Extraño como tú. Ni el otoño de Concepción puede evitar debilitar sus ganas ante tales oscuros ojos; bellos y dulces como el sabor de mi taza de cargado café, que debes solo reflejar en tu espejo de cartera. Ahora eres tú Contigo y aunque rodeada es ese Contigo el único capaz de llevarte bien. Y si no estuve, y si no estoy, mi ánimo es para aquel Contigo que hasta hace poco conozco. Y que amo desde hace mucho antes.

Alguien una vez me dijo que para hacer bien mi trabajo "tenía que tener más mirada de jirafa y también más de hormiga", haciendo alusión al poder de la observación; todo comunica. Y hoy me doy cuenta que en muchas oportunidades nos tenemos que caer tan bajo y sentirnos tan vulnerables como una hormiga para poder crecer, levantarnos y con fuerza mirar firme al frente y distinguir lo que realmente somos: esos "pailones" que parecen jirafas.

Estoy feliz porque ahora que se acerca el invierno en Concepción haz encontrado un lugar nuevo y calentito en la biblioteca. Y yo, no lo dudes nunca, estoy Contigo y también Contigo. Te amo.